A mis 18 años, metida ya de lleno en el “caballo”, recuerdo un “personaje” de mi pequeña ciudad : Alicia, la loca.
Alicia tendría entre 27 y 30 años, según las habladurías,había sido una chica guapísima…hasta que las drogas la destrozaron. Empezó como todos, con el porro, coqueteó con el caballo, la coca, pero su final llegó con las drogas de diseño.
En pocos años desarrolló una esquizofrenia de la que nunca salió. Era como un fantasma que andaba por la ciudad, tanto la encontrabas “tranquila”, como de repente estaba gritando con alguien, desnudándose en la calle, o haciendo cualquier otra locura. Su cuerpo se transformó, fue violada, tuvo varios abortos y estaba constantemente atiborrada de pastillas.
Cada cierto tiempo, la dejábamos de ver. Alicia, contra su voluntad era ingresada, pues ya no podía controlarse y era un peligro para ella mismo y todos los demás.
Como pasa en todos los psiquiátricos, una vez controlado el paciente, a la calle. Y la volvíamos a ver deambulando por la ciudad, hasta la siguiente “recaída”!
Este vivo retrato, no nos frenaba, inconscientes seguíamos metiéndonos de todo, caballo, coca, pastillas, todo lo que se pudiera inyectar y quitar el mono.
Años más tarde, ya en un centro de rehabilitación en España, recibí una foto de mi padre ingresado en un sanatorio (por un accidente, estaba en silla de ruedas y debido al coma en que estuvo, tenía la mentalidad de un niño y no se movía). En la foto salía él, mi madre, mi hija…y al fondo sentada en un muro del sanatorio, estaba Alicia la loca.